
Para una madre, su hijo pasa a ocupar el centro de su atención, cuidado e interés, pero cómo es esta nueva personita que llega a nuestras vidas. Si aún no nace, o bien, recién ha nacido, aquí exponemos una serie de conceptos que le serán de mucha utilidad para conocer mejor a su bebé.
Es necesario tener en cuenta que los huesos del cráneo del neonato aún no estás soldados, por lo que su cabeza puede presentar diversas formas. Si nació mediante parto normal, tenderá a ser más alargada, mientras que por cesárea el cráneo será más redondeado. En cualquier caso, las modificaciones plásticas que se presenten irán desapareciendo con el transcurso de los días.
En un primer instante, el bebé nacerá recubierto con una sustancia blanquecina que desaparece aún sin baño, al igual que algunas manchas rojas y granitos. Su piel será lisa y suave, aunque en los pies y manos puede presentarse más arrugada, pudiendo ser masajeada con aceite mineral o vaselina.
Finos pelos, llamados lanugos, recubren al bebé y desaparecerán en las dos primeras semanas. No es necesario cortar su cabello, pues es parte de su condición natural y ayuda a manejar la temperatura. Por otra parte, puede nacer con uñas largas y para evitar que se rasguñe se cubren sus manos con guantes, se liman o cortan con tijeras especiales.
Algunos recién nacidos -niñas o niños- pueden presentar pechos hinchados y producir una leve secreción de leche, ya que han recibido durante su vida intrauterina hormonas sexuales de la madre.
En los niños, las bolsas o escroto está hinchado y el prepucio -en general- cerrado, lo que se denomina “fimosis fisiológica”. El pediatra debe revisar que los testículos hayan descendido bien hasta el escroto.
Las niñas tienen los labios menores y el clítoris muy hinchados y salientes. Los primeros días pueden sufrir una “caída del nivel de hormonas” que involucra pérdidas vaginales blanquecinas o incluso pérdida de sangre por vagina, denominada pseudomenstruación. Ninguno de los casos es alarmante, salvo si el bebé tiene fiebre, una infección o secreción de mal olor.
Son viscosas, negruzcas y pegajosas, se les llama “meconio”. De a poco desaparecerán, a los 3 ó 4, días para dar paso a las “heces”, inicialmente verdosas o de transición y luego de color amarillo oro, semilíquidas y explosivas, las que se producen cuando el bebé recibe una adecuada cantidad de leche materna.
Cuando el bebé nace los médicos cortarán este lazo de unión. La sangre que viene del corazón debe pasar a los vasos pulmonares para obtener el oxígeno que hasta ahora le proporcionaba su madre a través de la placenta. Este cordón se secará y caerá entre el 7° y el 10° día de vida.
La Temperatura Corporal
La normal, tomada en la axila durante 3 a 5 minutos, varía entre 36,5° a 36,9° C°. Excepcionalmente puede ser tomada en el recto, siendo lo normal entre 37° a 37,6° C°. Sólo debes hacerlo si ves a tu bebé frío o caliente o estuviese inquieto o molesto.
Durante los primeros meses de vida, variará el peso del bebé, siendo necesario considerar que está directamente relacionado a factores genéticos, raciales, nutricionales de la madre y patologías en el embarazo. El bebé engorda a razón de 1,5 gramos por hora durante los 2 ó 3 meses de vida y, en general, 200 grs. por semana durante los 3 meses siguientes. En cuanto a la talla, normalmente es un factor hereditario. La relación peso-estatura depende de su estado de salud y nutrición, por ello, es importante controlarlo.
El desarrollo psicomotor también evolucionará, por lo que las estadísticas deben ser tomadas en cuenta a nivel indicativo. Es bueno contar con una pauta de desarrollo normal que permita a los padres realizar una estimulación dirigida y pesquisar situaciones anómalas. Resulta básica la observación minuciosa de tu hijo para poder descifrar el comportamiento y el “lenguaje” del pequeño. La observación puede parecer muy simple cuando se trata de un niño de 1 ó 2 meses, pero es más compleja cuando manifiesta sus propias necesidades.
La leche materna es la más conveniente para su guagua y, aunque se utilizan leches en polvo que cada vez más se aproximan más a la materna, no la reemplazan, pues ésta contiene elementos beneficiosos que jamás se encontrarán en la leche artificial.
La leche materna contiene proteínas, vitaminas (salvo vitamina K), lípidos, sales minerales, azúcar y anticuerpos que lo protegen de las infecciones, junto con encimas de digestión que permiten que se digiera bien y rápidamente.
La composición de la leche materna varía para adaptarse a su bebé en función de sus necesidades y según su edad. De este modo, se pueden distinguir tres tipos de leche:
- El Calostro: que se produce del 1° al 6° día de vida del bebé, siendo un líquido espeso y amarillento, más rico en sustancias antiinfecciosas que la leche materna posterior. Protege mejor al recién nacido y le ayuda a eliminar el meconio gracias a su poder laxante.
- La Leche de Transición: que se produce entre el 6° y el 14° día.
- La Leche Madura: a partir del 15° día.
Cabe señalar que este alimento también cambia en función de los momentos del día y su concentración en lípidos es diferente por el día y por la noche. Está siempre disponible a la temperatura adecuada y estéril, no necesita preparación alguna, ni manipular o higienizar biberones, lo que es muy práctico y no tiene costo.
El bebé toma justo la cantidad de leche que necesita y desarrolla los músculos de la cara gracias a los esfuerzos de succión. Además, el número de fallecimientos por muerte súbita es menor en los lactantes alimentados con leche materna.
Dar pecho te permite establecer un estrecho contacto físico, simbólico y privilegiado con el bebé, cuyos sentidos están fijados en el momento de la toma. En la madre, el útero vuelve más fácilmente a su posición y volumen normal, gracias a las contracciones uterinas que provocan las tomas. Al contrario de lo que se piensa, no estropea el pecho, no aumenta el peso, sino que se pierde con mayor facilidad.
Por último, recientes estudios muestran que los adultos que han sido alimentados con leche materna tienen menos problemas crónicos de salud, como obesidad, inconvenientes cardiovasculares o de hipertensión arterial.
El bebé necesitará un baño para cuidar su higiene, 3 a 4 días después de caído el cordón, según la evaluación pediátrica. Puede realizarse cada día o 2 ó 3 veces por semana, en cualquier momento del día, aunque idealmente en un instante de calma. Para ello, necesitará algunos utensilios básicos, como guante de baño o esponja, jabón, toalla y ropa lista.
La madre puede controlar la temperatura del agua con su codo o un termómetro, la que debe estar entre 36°C y 37°C. Igualmente, la habitación debe tener una temperatura agradable, aproximadamente, de 21°C a 23ºC.
Y, por ningún motivo se debe olvidar que el bebé no debe dejarse nunca sólo y sin observación dentro de la tina.
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